¡Hola! Mi nombre es Gabriel, tengo 24 años y me involucré en el Tarot hace ocho años, en medio de una tormenta emocional que atravesaba.
Una mañana fría, en mi viaje diario a mi colegio (a 60 kilómetros de casa), tuve una crisis de angustia y, mientras lloraba como una magdalena, con los auriculares puestos y mirando por la ventana, sentí una mano en mi pierna. Cuando presté atención, allí había una mujer, una señora grande, casi anciana, que me hablaba. Cuando me saqué los auriculares, pude escuchar su voz, y allí ella, de nombre Celia, me tranquilizaba y decía que "todo iba a estar bien", y algunas cosas más, esotéricas y místicas, que me reservo de contarles (al menos por ahora).
Celia fue quien me regaló mi primer tarot, y quien me enseñó a leerlo, a identificar los símbolos, los colores, las formas, los sentidos, los perfiles y demás. Es gracias a ella que conocí este magnífico mundo que no deja de sorprenderme, día a día, noche tras noche.
Continúo aprendiendo, estudiando y practicando, y mucho más aún, que el tarot me permite utilizarlo como una herramienta de trabajo. Es a partir de estos años de estudio y práctica que puedo hacer uso del tarot para ayudar y asistir en el camino de otras personas y, al asistir a esos caminos, asumo una gran responsabilidad en la vida de aquellos que desean consultarme.
Por ello, debido a esa responsabilidad que asumo, es importante que sepas que el tarot, con toda su fuerza y su poder, no deja de ser un pedazo de plástico que, sí, es cierto que da mucha información, abre caminos y es una fuente de autoconocimiento gigante, pero no puede ejercer como juez de nuestros destinos.
Si el Tarot te recomienda, por ejemplo, separarte, no puedes hacerlo solo porque un trozo de plástico con una imagen bonita te lo dice; uno debe aprender a hacerse cargo de su propio destino y de sus propias decisiones.
Espero que este pequeño trozo de información sobre mí y sobre lo que pienso pueda satisfacer tu curiosidad y que nos veamos pronto.
¡Un abrazo cósmico!
Gabriel.